Descubriendo Traumatología

Siempre que me hablaban de trauma me la comparaban como la carpintería del cuerpo humano. Me resultaba una manera fría de hablar de ella pero puesto que no la conocía, no podía juzgarla.

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Pero lo cierto es que sin definirla de forma despectiva, sino más bien desde el cariño 

tras haberla descubierto, la denominaría con ese mismo símil.

No sé si será porque siempre me ha gustado más la Anatomía que la Fisiología o las Quirúrgicas a las Médicas, pero Trauma me ha gustado e incluso no llegaría a descartarla en un futuro.

 

También influye mucho en nuestras decisiones los profesores que nos hayan impartido la teoría, lo cercanos o pasotas que hayan sido los tutores clínicos en las prácticas y que nos guste más o menos la materia. Pero durante mis cuatro semanas de prácticas, sólo puedo decir cosas buenas de esta especialidad y de los profesionales con los que he estado.

Me han enseñado muchas cosas, pero lo que considero más importante de todas ellas ha sido el trato y la integración con el resto del equipo sanitario. También me llevo conmigo el porqué de las cosas y no el porque sí: por qué se pone clorhexidina y no povidona yodada como antiséptico en las intervenciones de las manos o; por qué en la fractura de peroné distal por traumatismo, hay que realizar una radiografía del hueso en su totalidad y no limitada sólo a la fractura, por ejemplo. Si nos enseñan el porqué de las cosas (en esta asignatura y en todos los ámbitos de la vida), se argumentan los hechos y no se saben de memorieta: odio el “porque sí” y el “porque no”.

 

(Nota mental: los trajes de plomo, agotan. Todo será cuestión de acostumbrarse. Supongo).

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